En unas pocas horas estallarán –no hay otro modo de decirlo, en palabras del viejo y consabido Hem- las fiestas patronales de este mi pueblo. Un cohete lanzado al viento y televisado urbi e orbi es la señal que atraerá a miles de forasteros a las anodinas calles que paseamos todos los días y que se transforman en estas fechas, y hará que otros tantos miles de nativos abandonen a escape el recinto amurallado de la ciudad. Quien esto escribe estará en este último grupo. La rutinas que nutren esta bitácora quedarán abolidas y en consecuencia su perpetrador, de vacaciones. Así hasta el día 20 de julio, si dios quiere. Descansen también en buena hora los fieles lectores que tienen todo el agradecimiento del autor.
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