Crónicas de la peste XXV
Franco declaró a un corresponsal extranjero durante la guerra civil que mataría a la mitad de la población española si fuera necesario para lograr el triunfo. Los biznietos voxianos del dictador son de la misma idea aprovechando que en esta ocasión histórica los muertos los provoca un patógeno exterior, y don Casado va de Jekill y Hyde, entre hombre de estado y arriscado caudillo, para no perder pie ante sus socios y mentores. La peste ha demostrado que en todos los territorios del país reinaba la misma imprevisión, la misma improvisación en las medidas y la misma carencia de recursos médicos, lo que invitaría a la unidad de acción, pero la idiosincrasia nos lleva a calzarnos el uniforme de la facción apenas se ha apagado el tenue eco de las ovaciones a las ocho de la tarde. En toda guerra se necesitan sanitarios. Para demostrar el espíritu bélico reinante, en esta remota ciudad subpirenaica, convertida en aldea gala, los soldados de la unidad militar de emergencias en tareas de desinfección pública fueron recibidos con una sonora cacerolada de repulsa a cargo de nuestros carlistas crónicos. Que se enteren en Madrid.
Lo cierto es que los hechos no pintan bien. En algún momento de la última semana del pasado marzo, hace ocho o diez días, se intersecaron las curvas demoscópicas de aceptación y rechazo a la gestión gubernamental contra la peste para seguir su propia deriva; al alza el rechazo, de caída la conformidad. Es imposible obviar el número de fallecidos, la amenaza de futuros contagios aún no detectados, las insuficiencias técnicas no resueltas, los titubeos en las instrucciones gubernamentales y los efectos de un confinamiento al que no se ve fin. A lo que se suma una catástrofe económica que no ha hecho más que empezar. Los telediarios son una mezcla de exhortaciones y lamentos en pugna; las victorias, pocas por ahora. En este contexto, empiezan a hacerse oír soluciones políticas (que no sanitarias) ex novo, desde un gobierno de emergencia nacional, que no podría llevarse a efecto sin una quiebra constitucional, hasta una nueva versión de los llamados pactos-de-la-moncloa. Esta última propuesta se parece bastante a los lamentos de los israelitas a Moisés, léase Sánchez, en medio de las penalidades del desierto, cuando añoraban los buenos tiempos pasados en la esclavitud de Egipto (Éxodo, 16-3) y revela un anhelo de renacimiento (reseteo, se diría ahora), una balsámica vuelta a la casilla de salida de nuestra actual democracia.
Quienes proponen una suerte de pactos-de-la-moncloa-dos van a otra cosa y no tienen una idea clara de lo que significó aquello, ni siquiera don Sánchez, en cuya boca el término suena a un tópico para formular un deseo. Doña Arrimadas, una de las voces que se ha hecho eco de la propuesta, ha demostrado que su tasa de ignorancia no ha disminuido ni una décima en las semanas que lleva callada, y condiciona su participación a la exclusión de don Iglesias y su proyecto. Vamos a ver, Inés, los Pactos de la Moncloa, los de verdad, tuvieron una doble función. De una parte, estabilizar la economía en un momento catastrófico y de otra, sentar las bases para el consenso político que haría posible la constitución hasta ahora vigente. En este propósito, su principal virtualidad fue que incluyó a todas las fuerzas políticas presentes en el escenario de la época, incluidos los ancestros comunistas de don Iglesias y los indepes de don Torra. Si aquellos pactos los hubieran firmado solo los que doña Arrimadas et alii llaman constitucionalistas, todavía estaríamos en una dictadura. Hay otra razón que hace desconfiar de una reedición del pacto y es la calidad política de sus firmantes. Los de 1977 eran políticos con sentido de la realidad, cierta visión esperanzada de un futuro común y una empatía recíproca que ha desaparecido en nuestra clase política desde hace al menos un cuarto de siglo; nada que ver con los ignaros arribistas que menudean ahora mismo en los escaños del parlamento. Aunque también es verdad que la necesidad hace virtud y quién sabe si don Ortega Inditex no tiene serias opciones para ser el próximo y providencial jefe del gobierno de emergencia, concentración o lo que sea.