En nuestra lejana pubertad, el opus dei vino a sentar sus reales a esta remota capital de provincia donde levantaría una universidad de fama. Era inevitable que algunos de nuestros condiscípulos vieran en esta organización una respuesta a sus inquietudes espirituales en un periodo de la vida en que las hormonas eran una manifestación del espíritu. Los neófitos eran instados por sus instructores a que hicieran proselitismo en su entorno colegial, y así no era raro que un compañero de clase, de hábito apocado, se acercase a ti para indagar sobre el estado de tu alma. Un método infalible para detectar las intenciones del misionero era su uso inmoderado y exótico de palabras malsonantes para parecer más coloquial y más fraterno; más guay, diríamos ahora. El opus dei traía una untuosa ñoñería típica de las beatas clases medias que sus vástagos gustaban de reventar con tacos destinados a normalizar su discurso pero que no hacían más que despertar una insuperable disonancia cognitiva en el interlocutor. Era divertido verlo y oírlo. Las palabrotas tienen una sintaxis propia, interjectiva, y como cualquier otra parte de la oración gramatical debe usarse con propiedad en el marco de un discurso coherente.

Este escribidor ha vuelto a pensar en el amigo Esparza diciendo cojones y coño mientras te invitaba a rezar el rosario cuando ha sabido que el pepé participará este año en las manifestaciones feministas del próximo ocho de marzo. La derecha, que está en política por negocios, tarda en comprender el lado humano de la  democracia y su primera reacción es oponerse a cualquier avance de los derechos civiles, hasta que descubre, a) que el ejercicio de los derechos civiles no perjudica necesariamente a los negocios, y b) que su electorado también está formado por personas acreedoras de esos derechos frente a los prebostes que sienten por ellos una antipatía instintiva. De modo que el pepé participará en el ocho-eme, eso sí, con un manifiesto propio. Y aquí es donde ha aparecido el ectoplasma del amigo Esparza en la memoria del escribidor al saber que el manifiesto feminista del pepé tiene el disonante título de Mujer por encima de todo, que suena a película de Almodóvar o a culebrón venezolano, con perdón. En el primer caso tendría una connotación irónica y subversiva; en el segundo, una empalagosa y reaccionaria sentimentalidad. Táchese lo que no proceda pero en los dos casos es como soltar un taco para ir a la vigilia del santísimo. La portavoz de esta manifestación de feminismo del pepé ha sido doña Cuca Gamarra, que bien podría ser la redactora-jefe de Telva.