En los modernos parques zoológicos la fauna habita jaulas que remedan lo que llamamos su entorno natural. Uno de los efectos de este diseño es que el animal puede buscar refugio en la vegetación o en las anfractuosidades rocosas del espacio que le han asignado y resultar invisible para los visitantes. Sabemos que la fiera está ahí porque así lo dice la cartela pero en ocasiones lleva tiempo verla con nuestros propios ojos. Los cuidadores facilitan este encuentro visual mediante algún estímulo para que el huésped salga de su escondite; por ejemplo, dándole de comer. El parque de la política está poblado de este paisanaje, al que no siempre vemos pero que sabemos que está entre las bambalinas del teatrillo, atento a los cambios de escenario y al momento en que el director de la compañía se acerque con una oferta para que participe en la función. Lo que distingue a un tigre de Bengala de un político no es el instinto predatorio sino la economía de recursos. El tigre exhibe una parsimoniosa elegancia en busca de su objetivo y emite un rugido de vez en cuando para hacer notar su presencia mientras que el político no cesa de agitar nerviosamente su tuiter para que no le olviden entre la hojarasca.

Doña Rosa Díez es de esa clase de especímenes que no deja la política –su entorno natural– ni cuando duerme, y que puede decir en público y sin sonrojo, echo en falta estar sentada en un escaño en el parlamento. ¡A ver qué hacéis por mí! El modelo de doña Rosa son los leones de bronce que custodian el acceso al congreso de los diputados, inmutables a los cambios políticos que se producen en el interior de la casa y supervivientes de todos los regímenes. En su enésimo avatar, doña Rosa ha aparecido en la tribuna vip del pepé, al lado de don Casado y doña Cayetana, que están en periodo de fichajes ante las próximas elecciones. Cada vez que doña Rosa se muestra con una camisa nueva, los comentaristas que la malquieren nos recuerdan su zigzagueante currículo por toda clase de cargos y bajo todas las banderas. The woman for all seasons. Pero esta capacidad de adaptación a los cambios, no solo es una muestra de vitalidad sino, en su caso, una guía del bucle histórico que viene describiendo el así llamado régimen del 78.

A la extinción del dictador, doña Rosa, como decenas de miles de compatriotas recién llegados a los apetitos del poder, se apuntó al pesoe y navegó sobre su ola mientras los vientos fueron favorables y, a medida que la embarcación socialdemócrata hacía agua, fungió de liberal, fletó un pequeño bajel arropada por un grupito de intelectuales de guardia, que fracasó arrollado por los ciudadanos naranjos y que ella abandonó exigiendo que fuera hundido, para, al final, dejarse llevar por el mainstream de la plaza de Colón y ser rescatada por su buque insignia. Si hace cuarenta años, doña Rosa se hubiera apuntado a la alianzapopular, a donde ha llegado ahora, su carrera política hubiera sido mucho más corta y nos hubiera privado de sus pintureras acrobacias en el foro.