Historias del fuerte, 2
Parece una fábula por la cantidad de moralejas que arrastra pero discurre por ahí como una noticia, en la que, no lo van a creer, ¡aparecen los rusos! Penka es una vaca criada en una granja de Bulgaria de aspecto no muy lucido cuyo pellejo parece colgado sobre la osamenta como una gabardina vieja en el perchero. La querencia del pasto o el aburrimiento la llevó a cruzar la frontera de Serbia donde se perdió durante dos semanas ramoneando y disfrutando del paisaje hasta que su propietario búlgaro la encontró y la devolvió a la granja en territorio de la unioneuropea. Primera moraleja, de ser un refugiado sirio o iraquí y no una vaca no hubiera podido vagar tan despreocupadamente por territorios guardados por la histeria xenófoba que es la imagen de marca de la ué. Pero volvamos con la vaca. A su vuelta a casa se había convertido en un animal ilegalmente importado porque en su paseo fuera del territorio Schengen no llevaba consigo la documentación veterinaria que la acreditaba como vaca comunitaria y, en consecuencia, debía ser sacrificada, según la normativa europea.
Si alguien contara esta historia de viva voz en la barra del bar no pasaría por ser el contertulio más interesante e ingenioso de la peña, pero por escrito y en las redes sociales se convirtió, al parecer, en un mensaje viral concienzudamente explotado por la opinión euroescéptica, que creyó haber encontrado un filón para reducir al absurdo la detestada burocracia comunitaria. La noticia dice que hasta Paul McCartney intervino para evitar el sacrificio de la res, con fortuna porque las autoridades búlgaras han decidido que la vaca continúe disfrutando de su melancólica existencia. Podemos imaginar al ministro de turno dando una conferencia de prensa para anunciar la buena nueva como ejemplo de la tolerancia y racionalidad que imperan en la ué. Pero no se pierdan lo mejor, que viene ahora.
Tomado literalmente de la noticia periodística: “Este tipo de narrativas [se refiere a la coña euroescéptica sobre la vaca errante] son las que nos hacen daño. Es muy fácil criticar la burocracia, pero nadie explica porqué está ahí. La UE debe velar por la calidad de la carne que consumen nuestros ciudadanos”, explican fuentes del Parlamento Europeo bajo condición de anonimato. Fin de la cita. Toma ya. La fuerza de los euroescépticos debe ser tal que un aterrorizado europeísta solo es capaz de defender la racionalidad de los controles sanitarios en el mercado unificado bajo la condición de ocultar su identidad. Este tipo debe pasar las noches soñando con Le Pen y Salvini. ¿Qué teme, que vayan a suprimir el mercado único o la normativa que lo regula?, ¿teme por el futuro de la unión o por su empleo?
Y ahora llegan los rusos. En el reportaje periodístico que ha inspirado este comentario se atribuye a la misma fuente anónima la opinión de que historias como la de la vaca ejemplifican una desinformación interesada vista con mucha preocupación por las instituciones comunitarias, convencidas de que las noticias falsas son un arma utilizada (principalmente) por Rusia para torpedear el proyecto europeo. Más aún cuando las elecciones europeas “más decisivas desde su fundación” [sic] están a la vuelta de la esquina y los euroescépticos podrían hacer su gran desembarco. Un voto desmovilizado por las noticias falsas sería su mejor aliado. Nadie habló de los rusos en la llamada crisis del pepino de dos mil once cuando los alemanes se apresuraron a atribuir el síndrome a una bacteria incubada en las hortalizas españolas antes de que los controles comunitarios, los mismos que se aplican a la vaca errante, atribuyeran el origen a los cultivos alemanes, y es que los europeos no necesitamos a ningún ruso para excitarnos los prejuicios nacionales que cuartean la ué. Dicho lo cual, ¿de qué van estas elecciones europeas?, ¿de vacas errabundas, rusos intrigantes y europeístas gilipollas?