Los individuos vivimos en nuestro particular nicho existencial urdido por el carácter y las circunstancias. Esta urdimbre es variadísima e inextricable y propicia que entornemos los párpados y la llamemos aventura, lo cual connota emoción, azar y descubrimiento. Pero lo cierto es que la mayoría no podemos salir de la pauta en la que se nos ha encarrilado y no tenemos la menor posibilidad de recrearnos a nosotros mismos. Somos lo que somos de una vez por todas. Pero hay algunos privilegiados capaces de reinventarse cada día y presentarse en sociedad con más caretas que un martes de carnaval. Este don es premiado por la industria del espectáculo. Un programa de televisión muy popular se sostiene porque unos cuantos sujetos, siempre los mismos, intercambian sentimientos, emociones, invenciones, insultos y requiebros, cambiantes y renovados, y escarban sin descanso en su propia existencia de la que no cesan de salir baratijas. El programa se llama Sálvame, aunque no se sabe por qué ni de qué, porque parece un círculo del infierno en el que los condenados están la mar de felices. En la medida que la política es espectáculo, resulta inevitable que la gente que la habita se deslice hacia la fórmula de Sálvame.
Doña Beatriz Talegón es una prometedora estrella de este circo, la Belén Esteban de los tejemanejes partidarios. Hizo su debut en una mamandurria europea y saltó a la fama abroncando a los prebostes de la soñolienta internacional socialista, reunidos no se sabe para qué en la localidad portuguesa de Cascais y desde entonces no ha cesado de enlazar un contrato tras otro en las diversas compañías que operan en esta industria: upeidé, ciudadanos, podemos y, ahora con don Puigdemont. El término tránsfuga es tan inapropiado a su caso como lo sería al de una abeja que liba de flor en flor. Diríase que revolotea no en pos de su beneficio personal sino por el puro placer de batir las alas y abanicarse con ellas.
En su actual avatar esta acróbata deberá sustituir a don Puigdemont y sus compañeros de fuga al frente de la lista europea del partido del ex president porque este tiene, por ahora, vetado el puesto, así que se ha entregado con su proverbial entusiasmo a ocupar un empleo subalterno, vicario, de telonera, como el abnegado don Torra, porque es sabido que cuando se arregle todo este embrollo don Puigdemont ocupará la república catalana como Kim Jong-un ocupa la suya. Hoy mismo, sus poderes delegados han dado un manotazo en el homenaje a los republicanos españoles, muchos de ellos catalanes, sacrificados por el fascismo en Mauthausen. Es una vileza, que avisa de la catadura moral y del narcisismo de este gamberro que habita un palacete en Waterloo y al que doña Talegón le está guardando el sitio. Por ahora, porque no está excluido que la trapecista decida en el ínterin dar otro salto. Ya ha dado pruebas de su dificultad para convivir con sus compañeros de trapecio.
A los viejos (maduros, mayores, veteranos) nos admiran y emboban las posibilidades que ofrecen las incursiones errabundas por los enlaces de Internet. Para ofrecernos un conocimiento amplio y arborescente de la realidad tal cual es, el bloguero hace de ellos un uso abundante y certero que sus lectores agradecemos con toda el alma. Al final de la entrada de hoy, el “link” a los vituperios cruzados entre Beatriz Talegón y Gonzalo Boye, cuando se despellejaban sin piedad en Twitter, nos permite ahondar en la comprensión de la coherencia ideológica de este par de actuales amiguitos del alma. Lástima que, quizá, no puedan mamandurrear juntos en el Parlamento europeo después de que la justicia española haya cantado la palinodia y permitido a los de Waterloo (en un giro inesperado) presentarse a las elecciones europeas.