-
Los robots añoran la retórica
El universo de la iaaa que podemos imaginar es una brumosa guerra entre drones y humanos. Los de arriba son aves predadoras en busca de objetivos y los de abajo, seres despavoridos en busca de refugio. La ‘iaaa’ necesita armarse de recursos persuasivos, tanto para parecer respetable como para distraer la atención de la presa.
-
Una bomba en la puerta de casa
El paquete explosivo timbrado en la oficina de correos se ha convertido en un misil con cabezas nucleares buscando el objetivo desde el cielo y un anemómetro guiado por inteligencia artificial determina quién es y quién no terrorista en un momento dado.
-
El baile de don Vito y el penúltimo vals
A la violencia verbal que empapa a una parte de la sociedad, y hace incluso gala de ello, sigue la violencia gestual de don Vito: asalto, coacción física y acusación inquisitorial a la víctima, todo en un misma acción ampliamente difundida por las redes sociales como una invitación a repetir el patrón en otras circunstancias y con otras víctimas, a elección del voluntario de la causa. ¿Cuál es el paso siguiente?
De te fabula narratur
From The Blog
Corruptos y corruptibles
Doña Arrimadas y la iglesia reformada fundada por don Rivera se marcaron como misión librar a la aldea de la corrupción, pero después de convivir un tiempo con sus habitantes y no conseguir ninguna conversión, como no la consiguió Brodie entre los yahoos, se dieron cuenta de que, caramba, los del pepé no son muy distintos a los misioneros del hábito naranja.
Parte de guerra
Se acabó la ‘drôle de guerre’ y empieza la ‘blitzkrieg’. Se acabó la anticuada guerra de posiciones y empieza la guerra mecanizada: golpes rápidos, simultáneos, inesperados, en varios frentes a la vez. El fragor de los ‘panzer’ y el ulular de los ‘stukas’ han sacado de su hibernación al mismísimo don Gabilondo, el metafísico. Se acabó la siesta, llega la primavera.
Nos queda la reina de Inglaterra
La familia real inglesa, bendecida por la longevidad de su titular, es una roca que oficia de sismógrafo cuyas levísimas sacudidas registran cada cambio en el espíritu del tiempo, para volver de inmediato a su reposo geológico. Habría que ver si la familia Windsor hubiera podido albergar en su seno a un vástago como don Juan Carlos de Borbón sin saltar por los aires, pero esa es otra historia.