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Esperando el apocalipsis cubierto con un cucurucho de papel de aluminio
Algunos prebostes de la industria de la inteligencia artificial (IA para los restos) han profetizado que su desarrollo acabará con la humanidad en unos pocos, muy pocos años, en el 2030, según Jacob Coxon, un alto operario de esta industria, ingeniero del monstruo Anthropic.
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Divagaciones sobre ocho comentarios
Lo que llamamos Europa es una confederación de estados-nación, cada uno con su historia, su prurito soberanista y sus élites gobernantes descangalladas, lo que quiere decir que el continente carece de un ‘demos’ común e identificable sobre el que asentar la unidad.
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Las 3K y otras damas de relumbrón
El lema ‘Niños, Cocina, Iglesia’ no cuadra con las mujeres que pilotan hoy el globo neofascista que sobrevuela Europa. Marine Le Pen, Giorgia Meloni y Alice Weidel, por citar a las más notorias, dirigen un conglomerado de fuerzas que va a acabar con la democracia sin que sepamos qué vendrá después.
De te fabula narratur
From The Blog
Referendos a puñaos
El ‘pepé’ anuncia una iniciativa para que los responsables de referendos ilegales vayan al trullo y el presidente socialista del parlamento riojano propone un referéndum sobre el rey si no se desmarca de la derecha fascista [sic]. Todo el mismo día, simultáneamente, lo que da idea de lo mucho que ha de bajar aún la temperatura en la enfebrecida clase política. Las dos propuestas son simétricas y complementarias: autoritaria la primera, populista la segunda. Hermanas gemelas al fin.
Azaña
La derecha española no tiene antepasados en la historia moderna que puedan ser presentados en sociedad sin desdoro. Esta carencia explica la accidental fama del almirante Blas de Lezo, vasco del siglo XVIII y soldado del rey absoluto, impulsada por el neofascismo voxiano, y la entusiasta difusión de la imperiofilia argumentada por doña Roca Barea. Por lo demás, ni rastro de referentes a los que acogerse en un contexto democrático.
Una empresa quijotesca
Don Guitarte representa a un partido local, nuevo en estas lides y de agónico nombre -¡¡Teruel existe!!-, que tanto podría leerse como una orgullosa afirmación ante el pelotón de fusilamiento o como un gemido de ayuda antes de ser tragado por el pozo del olvido, y ha llegado a Madrid con este pendón para redimir a la ‘España vaciada’.