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Esperando el apocalipsis cubierto con un cucurucho de papel de aluminio
Algunos prebostes de la industria de la inteligencia artificial (IA para los restos) han profetizado que su desarrollo acabará con la humanidad en unos pocos, muy pocos años, en el 2030, según Jacob Coxon, un alto operario de esta industria, ingeniero del monstruo Anthropic.
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Divagaciones sobre ocho comentarios
Lo que llamamos Europa es una confederación de estados-nación, cada uno con su historia, su prurito soberanista y sus élites gobernantes descangalladas, lo que quiere decir que el continente carece de un ‘demos’ común e identificable sobre el que asentar la unidad.
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Las 3K y otras damas de relumbrón
El lema ‘Niños, Cocina, Iglesia’ no cuadra con las mujeres que pilotan hoy el globo neofascista que sobrevuela Europa. Marine Le Pen, Giorgia Meloni y Alice Weidel, por citar a las más notorias, dirigen un conglomerado de fuerzas que va a acabar con la democracia sin que sepamos qué vendrá después.
De te fabula narratur
From The Blog
Los últimos días de Pompeya
La peste alimenta el miedo y el miedo alimenta a la extrema derecha. Las medidas profilácticas adoptadas por el gobierno tienen un inevitable sesgo centralizador y autoritario, así que resultan gratas a las querencias íntimas de una parte de la población que ya de antes de la peste se sentía desprotegida, y si no van acompañadas de beneficios tangibles, al final se inclinarán en las urnas hacia el neofascismo.
La política
La corriente de los hechos nos lleva al repliegue, vale decir, al centralismo y al autoritarismo, que por ahora están asumidos con la libertad que concede la amenaza de la peste. El gobierno central asume poderes excepcionales, el ejército sale a la calle, el parlamento se cierra, las elecciones se posponen. Todo eso es política.
Palabras
La peste vacía de sentido las palabras, las vuelve conjeturales, reiterativas, ociosas en último extremo. El lenguaje ocupa el espacio en el que podemos decir que estamos vivos, y ahora que este parece acortarse, el lenguaje se hace proliferante, pegajoso e inane. La gente quiere mensajes cortos, secos e inteligibles, y eficientes, claro está, y lo que encuentra alrededor es el país de los palabristas. Como muestra, estas líneas.