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Las 3K y otras damas de relumbrón
El lema ‘Niños, Cocina, Iglesia’ no cuadra con las mujeres que pilotan hoy el globo neofascista que sobrevuela Europa. Marine Le Pen, Giorgia Meloni y Alice Weidel, por citar a las más notorias, dirigen un conglomerado de fuerzas que va a acabar con la democracia sin que sepamos qué vendrá después.
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Listas negras, blancas y grises
Por si el ministerio del Interior no tuviera suficientes problemas con su olímpico don Grande Marlaska al frente, se ha revelado la existencia de una lista (54 folios) con fichas de periodistas (280), que incluye, nombre, foto, ideología y grado de afecto o desafecto al gobierno.
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Los pájaros vigilan
El fascismo significa una ciudadanía segmentada, jerárquica (palabra del diccionario de Falange), en la que no todos tienen los mismos derechos. Por ejemplo, algunos colectivos no pueden votar.
De te fabula narratur
From The Blog
La orquesta y los caníbales
En la muy madrileña cúpula del pepé se ha desatado un debate sobre preceptiva musical. La cosa en el partido de la derecha va de si una orquesta debe tener o no solista. El director de la orquesta, don Casado, dice que no; la solista, doña Ayuso, dice que sí, y el concertino, don Almeida, que, bueno, solistas sí pero sin desafinar.
Independentzia
El viejo recuerda la primera vez que oyó el grito independentzia y la extrañeza que le produjo. Independencia, ¿de quién? Fue a principios de los ochenta cuando cubría como periodista un mitin multitudinario de la entonces llamada ‘herribatasuna’ en un polideportivo de esta remota capital subpirenaica. Quien se desgañitaba con la demanda de independentzia al lado del periodista era una muchacha adolescente, que ahora tendrá unos sesenta, quizá jubilada, quizá abuela.
Un toque de distinción
En medio de la bronca que ha provocado nuestra adorable doña Cayetana en su partido, y preguntada si piensa renunciar al escaño de diputada, ha respondido que no, claro, pero lo singular y admirable es la razón que ha dado: porque sería vulgar, ha dicho. Ya lo ven. Tenemos una democracia cutre, de plebeyos, en la que se censura al disidente que se aferra al escaño que le ha proporcionado el partido, y resulta que ese comportamiento es precisamente aristocrático.