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Los robots añoran la retórica
El universo de la iaaa que podemos imaginar es una brumosa guerra entre drones y humanos. Los de arriba son aves predadoras en busca de objetivos y los de abajo, seres despavoridos en busca de refugio. La ‘iaaa’ necesita armarse de recursos persuasivos, tanto para parecer respetable como para distraer la atención de la presa.
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Una bomba en la puerta de casa
El paquete explosivo timbrado en la oficina de correos se ha convertido en un misil con cabezas nucleares buscando el objetivo desde el cielo y un anemómetro guiado por inteligencia artificial determina quién es y quién no terrorista en un momento dado.
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El baile de don Vito y el penúltimo vals
A la violencia verbal que empapa a una parte de la sociedad, y hace incluso gala de ello, sigue la violencia gestual de don Vito: asalto, coacción física y acusación inquisitorial a la víctima, todo en un misma acción ampliamente difundida por las redes sociales como una invitación a repetir el patrón en otras circunstancias y con otras víctimas, a elección del voluntario de la causa. ¿Cuál es el paso siguiente?
De te fabula narratur
From The Blog
Libertad de rebaño
Parece que las feministas van a aceptar las condiciones de seguridad para la salud pública: comparecencias callejeras de menos de quinientas personas, que no son pocas, distancia de seguridad, mascarillas y todo eso, es decir, convertirán la manifestación en una procesión, un acto de energía social en un ritual escuálido.
Capitalismo y democracia
En la fase depresiva del ciclo económico, el capitalismo segrega una barrera de autodefensa, hecha de furia nihilista, que incendia el mobiliario urbano -la arquitectura del civismo, digamos- y, si cuaja, se convierte en fascismo operativo. No siempre es fácil interpretar estas algaradas repentinas.
Los días de la náusea
Estos días se ha hablado de las zonas de sombra del golpe del 23F y, como consecuencia, de la necesidad de desclasificar los archivos de la época, cuyo secreto protege la ley española sine die, haciendo de nuestra historia un armario lleno de cadáveres en descomposición y de nuestra conciencia un nido de sospecha y rencor. Creo que se lo debemos a nuestros hijos.