-
Anatomía de un golpe de estado 3.0
Tendremos que acostumbrarnos a que dirigentes de primer nivel se sienten en el banquillo más por lo que son que por lo que han hecho. La desconfianza hacia la política se traslada a los tribunales, que consecuentemente se politizan. De alguna manera, el último peldaño de la política es la corte de justicia -en cheli, ir p’alante- y algo hemos avanzado porque no hace tanto que la ultima ratio y sin tantas cautelas era el paredón de fusilamiento.
-
El sol no sale siempre
La conversación se convierte en una suerte de amenidad terminal. Quizá no lleguemos a ver la caída de Sánchez, mientras nos dejamos acariciar por la placidez de la naturaleza. Un gato atraviesa el césped a sus asuntos sin apartar la mirada de los tres extraños. Un milano sobrevuela sus cabezas. Esta semana va a hacer buen tiempo. Hasta el viernes, que lloverá.
-
La caída del imperio y otras amenidades
Nadie hubiera dicho entonces que el fin de la historia, decretado a principios de los noventa para abrir paso a la globalización neoliberal fuera a terminar, apenas treinta años más tarde, en un arcilloso mapa de imperios enfrentados por la posesión de nuevos territorios: Ucrania es mía; Taiwan, mía; para mí Groenlandia, y por ahí seguido.
De te fabula narratur
From The Blog
Los desarraigados
El patriotismo vuelve a su terreno natural: el campo de fútbol. Es aquello de la historia que se reproduce como farsa, y eso que Marx no podía ni imaginar el poder del nuevo opio del pueblo. Pero entretanto ocurren otras cosas fuera de este corral, en esa patria elusiva a la que llamamos Europa.
Ganadores y perdedores
Los electorados europeos empieza a perecerse al pasaje de las pateras que cruzan el Mediterráneo cargadas de emigrantes, para los que lo importante es permanecer en la embarcación y no caer el agua. Ya llegaremos en algún momento a alguna parte.
Teatro del absurdo
Detrás de los espesos cortinones que son los intentos de diálogo, las deliberaciones tácticas, los encuentros transversales y demás faramalla democrática están las rejas del ciento cincuenta y cinco