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Los robots añoran la retórica
El universo de la iaaa que podemos imaginar es una brumosa guerra entre drones y humanos. Los de arriba son aves predadoras en busca de objetivos y los de abajo, seres despavoridos en busca de refugio. La ‘iaaa’ necesita armarse de recursos persuasivos, tanto para parecer respetable como para distraer la atención de la presa.
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Una bomba en la puerta de casa
El paquete explosivo timbrado en la oficina de correos se ha convertido en un misil con cabezas nucleares buscando el objetivo desde el cielo y un anemómetro guiado por inteligencia artificial determina quién es y quién no terrorista en un momento dado.
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El baile de don Vito y el penúltimo vals
A la violencia verbal que empapa a una parte de la sociedad, y hace incluso gala de ello, sigue la violencia gestual de don Vito: asalto, coacción física y acusación inquisitorial a la víctima, todo en un misma acción ampliamente difundida por las redes sociales como una invitación a repetir el patrón en otras circunstancias y con otras víctimas, a elección del voluntario de la causa. ¿Cuál es el paso siguiente?
De te fabula narratur
From The Blog
Cacofonías antes de la restauración
En castellano hay una frase hecha para describir esta situación, alborotar el gallinero, que tal vez inspiró a Cortázar y sirve ahora para explicar la cacofonía en que está sumida nuestra clase política, como las gallinas de la fábula, bajo el impacto del último movimiento del rey emérito y su reconocimiento de que es un (presunto) delincuente fiscal.
Mensaje navideño
Y recuerda, querido hijo, que los españoles no son monárquicos. La monarquía, como ya sabes porque estás muy preparado, se sostiene por la debilidad anémica de la república, que en este caso se traduce en la imposibilidad de los españoles para reconocerse en un demos y constituir un proyecto histórico en común. Este rasgo genético de la raza hace que no puedan vivir sin un poder paternalista, de relumbrón, impuesto sobre sus cabezas, aunque luego no paren de denostarlo.
La revolución permanente
No hay peor pesadilla para un viejo que obligarle a volver al tiempo de su juventud. Los felices ochenta. Años confusos, tramposos, horrendos en algún caso, en cuyas aguas braceamos para alcanzar la orilla, cualquier orilla con tal de que fuera tierra firme, y de los que no queda más nostalgia que el recuerdo de las primeras pelis de Almodóvar.