Veinticinco minutos después, el entrevistador mudo recupera el uso de la palabra para excusarse de que ha pasado el tiempo de la entrevista, es decir, el monólogo, y hay que darla por terminada, no sin antes sugerir cortésmente a la entrevistada que con gusto volverá a recibirla en otra ocasión, presumiblemente para repetir la faena.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo